MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

miércoles, 29 de junio de 2011

LA VICTORIA DEL TERRORISMO

Esta es la carta dirigida al Presidente del Gobierno por Rubén Múgica, hijo de Fernando Múgica, socialista asesinado por E.T.A.:



Creo que esta infamia habría dejado boquiabierto al propio Borges.
No hace mucho un amigo me envió un vídeo de Iñaki Gabilondo que se llamaba "no lo llames terrorismo, cuando quieres decir independentismo" en el que sostenía la tesis de que los 300.000 votos de Bildu habían desenmascarado a muchos que estaban, en realidad, en contra del independentismo como opción política, y que por lo tanto, -debía deducirse- eran intolerantes, y, por tanto, de derechas. Me admiró la hábil demagogía de este líder mediático, que olvidaba mencionar que se presentaba a las elecciones un partido independentista como Aralar, pero que había condenado a E.T.A., y que el problema de Bildu son sus relaciones con Batasuna-E.T.A., demostradas por la policia y condenadas por el Tribunal Supremo, pero escamoteadas por la sentencia política de los miembros del Tribunal Constitucional elegidos por el P.S.O.E. (sólo es una coincidencia, por supuesto, que Patxi López pidiera que Bildu participara en las elecciones, o que se oyera a Eduardo Madina decir que esperaba una sentencia "agradable" del TC para Bildu), constituidos en supertribunal de casación del Supremo.
No puede más que helar la sangre, como le dijo Mayte Pagazaurtundúa a P. López, ver esta operación de "blanqueo" de E.T.A., -es decir de la consagración del asesinato y la extorsión totalitaria como arma de acción política- a gran escala, sin que sirva de consuelo pensar que Hitler obtuvo aún más votos.

viernes, 24 de junio de 2011

PASIÓN DEL ATARDECER



El sol feneciente ennoblece el fervor blanquecino del muro

frontero. Sobre él oscilan las sombras del tendedero

vecino cual sombras chinescas o espantapájaros, fieros

ante el avance de los emisarios del tiempo perjuro.

Mi soledad laboriosa al portátil confía sus sueños,

del viejo fracaso dejando en la boca el terco regusto.

martes, 21 de junio de 2011

DESFASE HORARIO

Hace unos días, cuando bajaba del autobús para dirigirme al trabajo, vi algo que me dejó descolocado. En la playa, había un tipo sentado cómodamente en la orilla, con su caña de pescar plantada a pocos metros de él. Eran las ocho de la mañana, y fue como una bofetada indolora: mientras yo me disponía a sostener la Realidad, que diría García Calvo, ahí estaba aquel hombre negando todo lo que yo representaba: frente al mar, que con su eterno reflujo parece invitar al gaditano a la molicie (a la que faltaría un punto para ser sabia), de espaldas a la parte industriosa de la ciudad, y con la caña como pretexto de laxa actividad, se entregaba a un rito que de tan obvio a muchos nos parece ya vedado; ese mar que tiene un efecto hipnotizante sobre tantos gaditanos, y los hace estar parados horas y horas ante una caña de pescar en la playa o en la Alameda Apodaca, rebeldes sin saberlo a la férrea medida del tiempo. Ante gente así, ¡cómo puedo osar a partir de ahora llamarme poeta!

viernes, 17 de junio de 2011

FIN DE CURSO

El final del curso es ya una realidad, a la que me resisto aún un poco; ya tengo la costumbre de estar en tensión y alerta hasta el mismo día 30 de junio. No recuerdo quién decía que tener enemigos hace ser más eficaz en el trabajo; no es ese mi caso, gracias a Dios, y menos ahora. Siempre hay, en cualquier modo, sorpresas agradables, que suelen venir de los alumnos. Ayer, al entrar en mi clase de latín de 1º de Bachillerato , éstos me dijeron que mirara la pizarra, y allí me habían escrito lo que se puede leer. Parece que he generado en ellos una corriente de afecto, que no he buscado conscientemente. Les di las gracias a ellos por su actitud durante el curso, y su disposición a escucharme (disposicion que he notado, a veces, expectante, pues se han reído mucho conmigo), a pesar de lo charlatanes que son normalmente. Ellos desean que yo les siga dando clase el curso que viene, y a mí también me gustaría; bueno, ya se verá. En todo caso, no olvidaré nunca esta experiencia ni a estos chicos. Acto seguido, quise dedicar la hora, como les había prometido, a analizar y traducir con ellos uno de los textos de César que se ven en Selectividad, para mostrarles que con lo que ya sabían podían enfrentarse con seguridad a él. La cosa iba como de costumbre, hasta que algo llamó su atención tras las ventanas de la clase.
"Mira, profesor -me dijeron- como las Torres Gemelas". De pronto, una humareda espantosa -que siguió creciendo- surgió a nuestra vista: había un incendio en un edificio del Paseo Marítimo que debía ser pavoroso. Tras unos primeros minutos de inquietud, y tras comprobar que, afortunadamente, el viento no soplaba en nuestra dirección, pude concluir la clase con cierta normalidad, a pesar de ese fondo tan inquietante.
En ocasiones, la vida te ofrece coincidencias o signos que no sabes interpretar, pero a los que no puedes resistirte a buscarles algún sentido, sea premonitorio. 
Hoy, casi último de clase oficial, les he puesto parte del primer capítulo de la serie Yo, Claudio, para que reconocieran a parte de los personajes que hemos estudiado en el curso; al final de la hora me aplaudieron como despedida. También me aplaudieron los de 1º de Bachillerato bilingüe de francés tras felicitarles por su trabajo; la verdad es que no tenía costumbre de trabajar con alumnos de su nivel.
La marea de las exigencias horarias te arrastra, y apenas tienes tiempo de disfrutar de estos momentos, que se difuminarán en el recuerdo como el humo negro en el aire de una mañana plácida que anuncia un verano ya inminente, y al que también me tendré que acostumbrar.

martes, 14 de junio de 2011

EL PRECIO DE LA POLÍTICA

Reproduzco a continuación parte de un correo que me ha enviado mi amigo F. de Bilbao (si en algún contexto tiene sentido mantener el anonimato es éste). A F. lo conozco hace mucho años y he estado en el País Vasco en numerosas ocasiones. Él es un testigo privilegiado de lo que ocurre allí y su mail, parte de una petición de apoyo al concejal Carlos García de Elorrio que se puede suscribir a través de Internet en la página de Hazte Oír, me parece del máximo interés, y digna de reflexión:

"Conozco personalmente a este antiguo y joven concejal del ayuntamiento de Bilbao y ahora concejal electo por el ayuntamiento de Elorrio. De todos es conocido el alto riesgo que corren todos los políticos vascos que no comulgan con el credo nacionalista. Carlos García no es una excepción y con admirable valor y generosidad honra con su trabajo a la desprestigiada clase política.

Desde que lo conocí hace unos tres años, con ocasión de una ayuda que me proporcionó para solicitar algunas actuaciones del ayuntamiento de Bilbao en el colegio de mis hijos, me consta la entrega y desinterés con que realiza su trabajo.

Ahora este valiente se presenta sólo en el ayuntamiento de Elorrio a defender los intereses de los vecinos de ese municipio. Y no sólo de los pocos que le han confiado su voto sino de todos aquellos que despreciándolo, y no serán pocos, se beneficiará de lo poco que le dejen hacer por el bien de esa comunidad. Cuando oigo la simpleza tan extendida de que todos los políticos son iguales y buscan exclusivamente su propio interés respondo cabreado que no más de lo que lo hacen los médicos, abogados, periodistas o taxistas. Pero si además pienso precisamente en todos los políticos que como Carlos se juegan a diario la vida entonces mi cabreo se torna indignación y desprecio por quien se atreva a mantener esa maledicencia. Si alguien mantiene esa generalización conscientemente es un miserable".

viernes, 10 de junio de 2011

EL CÍCLOPE


El cíclope arrastra su melancolía

entre los ganados que triscan al alba.

Nada parece afectarle del mundo

minúsculo de los humanos que arriban

escasos y náufragos a sus dominios;

bocado propiciatorio resultan,

ellos mismos literatura,

del ojo inmenso, de párpado lento,

cansado de ser el ensueño de un ciego.
 
 
Imagen: Detalle de las pinturas realizadas por Javier Molina para la biblioteca del IES La Caleta.

martes, 7 de junio de 2011

BLOG CALLEJERO

Antonio, un veterano maestro de Cádiz y artista polifacético y bohemio, escribe lo que me atrevo a llamar un blog callejero. Él no se maneja muy bien con internet, y emplea para expresar sus reflexiones una portezuela de la pared de enfrente del bar que frecuenta. Fotografié no hace mucho una de sus últimas "entradas" -lapidarias usualmente, a pesar del soporte metálico-, que viene a decir lo siguiente: "Atentado terrorista en Marrakech. El gobierno español manda alli a su policia científica. Correcto (pa ayudá). Igual que se hace en los atentados de la E.T.A. Bien. Entonces en el de Marzo de 2004 ¿por qué se puenteó a la famosa policía científica? con sus laboratorios. EIN??? Que me lo expliquen". No creo que se lo explicara Rubalcaba, si la pregunta llegara hasta él, ni los pardillos del PP.
No veo mucha diferencia entre estas efímeras creaciones de tiza, y las electrónicas, que se acumulan como por arte de birlibirloque en el aire hasta que las invocamos a través de blogger, y se van guardando en un archivo virtual a más de temporal, que no suele ser consultado a medida que se aleja en esa virtualidad temporánea que ya a priori resulta fatigosa. Sólo que tal vez los blogueros de la Red nos lo tengamos más "creído".

sábado, 4 de junio de 2011

PAUL VALÉRY Y SUS TRADUCTORES

En 2006 la editorial Lucina publicó una versión rítmica de Le cimetière marin a cargo de Agustín García Calvo. Mi idea es confrontarla a la clásica ya de Jorge Guillén (cf. Paul Valéry, ALGUNOS POEMAS. Edición bilingüe, traducción y epílogo de Jorge Guillén, Ocnos, 1972), que es la eligida por F. Rico para su Mil años de poesía europea, pp. 782-793. El volumen de Ocnos lo adquirí en mi ya lejana época de estudiante en Sevilla en una librería de viejo, y el de García Calvo recientemente en Salamanca.

Las dos traducciones carecen de anotaciones. García Calvo es el más explícito a este respecto que el admirador de la poesía pura de Valéry que es Guillén, y afirma en su Presentación haber entendido el poema con toda la precisión posible, y haber producido, en compensación, una versión "más bien aclaratoria". En ese aspecto, ha sido fundamental para G.C. su tratamiento del verso, frente a la normativa versión en endecasílabos de J. G.: "[...] el haber descubierto que el "decasílabo" (10+1) francés no es el verso correspondiente al hendecasílabo a la italiana y practicado en todas las otras lenguas europeas, sino un verso que se parte en principio tras la 4ª sílaba (marcada) y es por tanto [...] un verso roto desigualmente en un kómma de 4 (+1) y uno de 6+1 o 7, y así lo hago imprimir, inusualmente, en la versión francesa del poema, mostrando la equivalencia con el de mi versión, que es de un kómma de 5 sílabas (pocas veces 4 en agudo) seguido de uno de 7 sílabas, llano, pero agudo en el 3º y 6º verso de cada estrofa [...] (cf. ibidem, p. 8). En cuanto a las rimas consonantes de las estrofas originales, J. G. renuncia a reproducirlas, mientras que G. C., aun afirmando su "puerilidad", les reconoce una virtud como inspiradoras de ocurrencias para el poeta por su propia dinámica de búsqueda forzada de igualación fonémica; "por la mera función rítmica" conserva una rima asonante en agudo en los versos 3º y 6º de cada estrofa, en contraste con los finales llanos del resto.

Ciertamente, la tipografía de la edición de G. C. anima más al recitado (aparte de lo dicho, se ofrece una estrofa en cada doble página), quien confía en "haber ofrecido al lector español una trama rítmica equivalente a la del poema original" (cf. ib., p. 9).

En mi opinión, es la intuición métrica de G. C. la que le permite, si se quiere decirlo así, conseguir, por lo general, una versión más "literal", e incluso más rítmica, en su ajuste al original, que la, por otra parte, excepcional de J. G. Podría señalarse un par de ejemplos al azar. Véase así la primera estrofa del poema (la reproduzco con la disposición tipográfica y puntuación de la versión de G. C. -incluso con sus erratas-, frente a los versos corridos de J. C., y a continuación ambas traducciones empezando por la de este último):



Ce toit tranquille,

      où marchent des colombes,

entre les pins

       palpite, entre les tombes;

Midi le juste

       y compose de feux

la mer, la mer,

     toujours recommencée:

o récompense [sic]

    après une pensée

qui'un long regard [sic]

    sur le calme des dieux!



Ese techo, tranquilo de palomas,

palpita entre los pinos y la tumbas.

El Mediodía justo en fuego traza

El mar, el mar, sin cesar empezando...

Recompensa después de un pensamiento:

Mirar por fin la calma de los dioses.



Tranquilo techo

       por donde andan palomas,

entre los pinos

      palpita, entre las tumbas;

la mar, la mar,

     siempre vuelta a empezar,

la amasa en lumbres

    Mediodía, el gran justo:

¡ah, paga buena

    tras un razonamiento,

larga mirada

   sobre dioses en paz!





La versión de J.G. produce una impresión más discursiva, y resulta más sintética, por tener que adecuarse al molde del endecasílabo (a pesar de hallazgos felices e inolvidables como el primer verso), y suena a traducción más prototípica en sus giros de gerundio; la de G. C., en cambio, está dotada de un ritmo peculiar, que se percibe en su recitado en voz alta (es para lo que está hecha -para lo que debería estar toda poesía-), -a pesar de algún leve elemento parafrástico como el "gran" de justo-, debido a la ductilidad del molde rítmico elegido, y a la rima aguda.

Si tomamos otra estrofa como la XIX podremos ver confirmados estos planteamientos:



Pères profonds,

      têtes inhabitées,

qui sous le poids

    de tant de pelletées

êtes la terre

    et confondez nos pas,

le vrai rongeur,

    le ver irréfutable

n'est point pour vous

   qui dormez sous la table,

il vit de vie,

   il ne me quitte pas!







Hondos padres, deshabitadas testas,

Que sois la tierra y confundís los pasos

Bajo el peso de tantas paletadas:

No es para los durmientes bajo losas

El roedor gusano irrefutable,

Que no me deja a mí. De vida vive.







Padres profundos,

     testas deshabitadas,

que, ya de tantas

    paladas agobiados,

sois tierra, y nuestros

   pasos los confundís:

no a los que ahítos

   dormís bajo la mesa

roe de veras

    el vierme irrefutable:

de vida vive,

     y no me deja a mí.





La versión de J. G. presenta, en mi opinión, un error de interpretación cuando traduce table por "losas", entendiendo a estos "durmientes" como los muertos, mientras que el "ahítos", que mantiene también la invocación, de G. C. da razón de esa vocación "aclaratoria" de su versión: esos durmientes deben ser entendidos en un sentido heraclitiano, mientras que el poeta es el "despierto" casi a su pesar, víctima de ese "vierme" de la vívida conciencia. Quizás, y por concluir, la versión de G. C. transmita mejor ese ritmo moroso y aleve que atraviesa el poema, ajeno a la gravedad del pensamiento y la sabiduría prosaica.