MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

martes, 29 de marzo de 2011

SOLICITUD DE LA ESPERA


L'espoir, c'est une bête farouche (George Bernanos)

Las líneas de bancos en el paseo parecen fractales inagotables. La espera se reproduce en ciclos de pesadilla, librea del tiempo fatuo que se hace sentir perentorio, y es, en cambio, falaz e inmisericorde. Se llena la vida de energía, de optimismo, mientras esperas, y la esperanza, fiera salvaje, rebosa la copa. La corriente de lo mudable te arrastrará de banco en banco, de fila en fila, de cola en cola hasta la espera final, la de la muerte, que también se suele hacer esperar. Nacido hemos para esperar lo desconocido, lo presentido, lo invisible. Y es la paradójica espera de lo eterno, o mejor dicho, de lo no-tiempo, el único absurdo -éste sí- colmado de sentido.

domingo, 27 de marzo de 2011

MERCURIOS SEVILLANOS

Este viernes tuve el honor de asistir a la tertulia literaria Los Mercuriales en Sevilla, a la que había sido amablemente invitado junto a autores gaditanos de la talla de José Manuel Benítez Ariza y Antonio Serrano Cueto. Fue una oportunidad impagable de conocer a personas con las que sólo tenía contacto a través de sus blogs, y no quedé en absoluto defraudado, si no más bien admirado por su calidad humana y literaria (empezando por la de José Miguel Ridao, tranquilo capitán de una nutrida y entrañable tropa familiar). Yo, que no tengo costumbre de recitar mi poesía en público, me sentí en su compañía muy a gusto y motivado para hacerlo. Espero no haber desmerecido demasiado del resto. Terminamos en una taberna irlandesa, a la que nos llevó un guía privilegiado, Antonio Rivero Taravillo, en el corazón de esa Sevilla que me tiene cautivado el corazón desde mi época de estudiante.

Imagen: Blog de la tertulia literaria Los Mercuriales, donde puede leerse el acta levantada por Juan Antonio González Romano.

martes, 22 de marzo de 2011

OTRO CEMENTERIO MARINO


A la ciudad sitiada me acerco,

vacía colmena de celdas holladas,

abandonada al cuidado de gatos

que entre sus calles ociosos pasean.

Ciudad populosa de muertos ausentes,

huidos ante el asedio anhelante

del inminente mar, que el reposo

estorba de muertos con sus fragores

y ecos, haciendo del camposanto

marea de tierra que rompe en la nada.

Su aliento salado se enrosca en las tumbas,

serpiente invisible de escamas heladas,

que a las palomas desasosiega,

y eriza a los gatos en busca de sueño.

viernes, 18 de marzo de 2011

LUGAR DE LA POESÍA: "MÚSICA PARA SUEÑOS" DE JOSÉ CEREIJO


Visitaba hoy la librería más importante quizás de Cádiz, y comprobaba con sorpresa la desaparición de los libros de poesía. Pensé entonces que quizás los habían trasladado del lugar particularmente visible en que se encontraban a algún rincón menos lucido del local (tal como habían hecho hace algún tiempo con los tomos sobre religión y espiritualidad), y no me equivoqué: hallé los poemarios en una pequeña estantería detrás de una mesa de información (que actúa como una barrera psicológica, pues te obliga a situarte casi detrás de la encargada ahí sentada), junto a los libros de literatura greco-romana. Otro fósil literario -pensé- la poesía, mantenida por puro prestigio cultural (no deja de ser una libreria) junto a los carcamales primorosamente editados por Gredos, salvados del olvido para reposar en tumbas de tapa azul.
He vuelto a pensar en esto en casa mientras sopesaba en mi mano el último poemario que he leído, Música para sueños de José Cereijo. Un libro sobria y elegantemente editado, que guarda entre sus hojas una belleza singular. Extrañamiento de la poesía. Si ya no encuentra su espacio en las librerías, ¿dónde lo hallará? ¿entre los impulsos eléctricos de la Red? Me resulta imposible, empero, pensarla desligada del papel, sujeta al batir de tiempo, materializado en hongos, humedad y bordes ajados.
Del tiempo sutil habla el libro de Cereijo, que ha llegado a mis manos por la amabilidad de un amigo. Libro lleno de resonancias clásicas (Terencio, Virgilio, Horacio, Ovidio, Catulo), y escrito en una variada métrica, en él la naturaleza se muestra esquiva frente a lo abstracto, y se configura como signo o pretexto de la reflexión poética sobre el tiempo, y la melancolía (esa piedad del tiempo), que acompañan al poeta en su deambular por un paisaje preferentemente crepuscular bañado por una luz, la de marzo, retenida en la nostalgia futura de ésta (Tratemos de hacer nuestra la misteriosa hondura / que ya conoce el tiempo; / el íntimo fulgor, la plenitud que un día / tendrán en la nostalgia). La tarde es el espacio privilegiado (cf. La tarde aquella, Fin de la tarde -que cierra el poemario-), en el que día se demora en morir sustrayéndose al tiempo en su luz dorada de agonía (Qué silencio tan hermoso. / Qué plenitud, qué pureza. / Recoge y guarda -tan honda- / su lección de impermanencia), donde la tensión entre eternidad y belleza se consagra en la memoria del amor (que en Cereijo es un "tú" con vocación de ausencia y suave dolor de lo perdido), que compensa -siempre momentáneamente- de la pérdida que para el poeta supone toda vida: La eternidad que pide la hermosura, / puedes dársela tú. Por tu recuerdo / sigue la tarde aquella, / ardiendo todavía en la memoria / pura del corazón. Y tal vez la tristeza, / a cambio de ese don, es un precio pequeño.

Cf. José Cereijo, Música para sueños, Pre-Textos, Valencia, 2007.

martes, 15 de marzo de 2011

DÉDALO INDEMNE


Parece mentira que el tiempo extienda

sus redes por los altavoces pírricos

del aeropuerto. Apuran sus llamadas

los pasajeros antes del masivo

éxodo que el cambio de puerta causa.

Pasivos fieles del pastor de nubes,

más se ignoran cuanto menos espacio hay,

y prescinden del miedo entre bostezos:

Dédalo abjuraría en tierra

de estos Ícaros presurizados.

domingo, 13 de marzo de 2011

SIN TÍTULO

Volvía el viernes andando a casa desde el trabajo por el paseo marítimo, recreándome en los matices de azul del mar sobre la playa (cuando se pinta -sea a un nivel muy modesto como el mío- se empieza a apreciar más y más las virtudes mudables del color, imagino que del mismo modo que el músico percibe timbres ignotos a los profanos en las obras que escucha), cuando algo desvió mi atención: había un grupo numeroso de personas bebiendo cerveza en el exterior de un bar (toleradas transgresiones del Carnaval). Eso me trajo recuerdo de hace muchos años, pasado en el que la gente se agrupaba con sus cervezas u otras bebidas en algunas zonas de dicho Paseo, para disfrutar del sol y de la conversación. Todo eso ha desaparecido ante la presión de tantas normativas. La era de los reglamentos, parece un nombre adecuado, creada quizás para irnos acostumbrando ovinamente a otros futuros recortes de libertades en otros terrenos menos anecdóticos. Los bares sobre todo por la noche, se han convertido en una especie de guetos, acosados por las preceptivas municipales, a las que el Gobierno ha incorporado recientemente una salida de humos. No digo que esto esté mal y que no evite molestias y abusos, aunque tiene como objetivo gente más bien mayor (los jóvenes no se pagan cubatas en los pubs, tienen sus botellones), y me hace tener cada vez más nostalgia de aquellos años 80 de mi juventud, donde se respiraba un ambiente de libertad y espontaneidad (no sólo en horarios y libertad de movimientos, sino también en la entonces escasa presión del estúpido lenguaje políticamente correcto tan "progre") que ha ido, poco a poco, desapareciendo. 

viernes, 11 de marzo de 2011

11-M


"Entre el once y el catorce de marzo de 2004 se precipitaron las cosas [...] Un atentado terrorista, el mayor de Europa, había hecho estallar en Madrid trenes con su contenido, que se contó por cientos de víctimas.
Enseguida, con una rapidez que casi igualó la de la admirable solidaridad ciudadana y la eficacia de los servicios públicos de asistencia, se organizó una ávida maniobra de aprovechamiento electoral en beneficio del grupo de oposición, que en principio se presentaba  tres días después a las elecciones como perdedor a causa de los innegables éxitos del Partido Popular en la gestión económica y en una lucha antiterrorista llevada a cabo con una firmeza que no se había visto hasta entonces. Se había intentado una política que se elevaba sobre el hormiguero de clanes para primar consideraciones generales de mayor envergadura y calado. Ésta, que resultaba incompatible con el populismo y la inversión electoral a corto plazo, comportaba, por primera vez, la diferencia de opciones respecto a Alemania y Francia, a quienes debió desde sus principios apoyo y financiación el Partido Socialista, reembolsados con acuerdos económicamente desfavorables y con las que siempre había mostrado España, desde la transición, una actitud ancilar y sumisa, y, por el contrario situaba al país en alianza con otros homólogos europeos y en conjunción explícita con Estados Unidos, tanto en cuanto al enfrentamiento mundial globalizado contra el terrorismo como respecto a la intervención bélica, el derrocamiento de Sadam Hussein y las largas y difíciles reconstrucción y  pacificación del país. Éste era el flanco más débil, electoralmente hablando. Sectores civiles muy amplios se oponían, y con motivo, a la implicación en una guerra mal explicada y peor prevista en su desarrollo, consecuencias y finalidades últimas. El tejido de presiones localistas y las crecientes reivindicaciones autonómicas acababan, además, de otorgar un plus de impopularidad al PSOE: su líder en Cataluña se había aliado con el partido independentista (Izquierda Republicana), cuyo portavoz había pactado, en entrevista con ETA, que ésta no asesinaría en aquella región, lo que no despertó precisamente las simpatías del resto, como tampoco lo hicieron las pretensiones de fraccionar el marco constitucional.
Los descubrimientos, en meses anteriores, de comandos del grupo terrorista provistos de grandes cargas de explosivos para provocar atentados que sólo fueron frustrados por la intervención policial apuntaban a su autoría en el 11 de marzo. Contra ETA se dirigieron pues desde las declaraciones del Gobierno hasta el clamor de no pocos ciudadanos, apoyado además por la oportuna coincidencia de la aparición en el País Vasco de panfletos incitando a sabotear los ferrocarriles españoles.
Hubo también sin embargo, desde el principio, algunos rasgos propios del terrorismo islámico: la elección de la fecha, recuerdo del 11 de septiembre, la magnitud de la carnicería. A esto rápidamente -pero una vez que se hubieron producido las primeras declaraciones oficiales y con prontitud que se hubiese dicho calculada para que previamente el Gobierno se involucrase en la tesis de la autoría etarra- se sumaron pruebas de filiación musulmana de los asesinos y reivindicaciones, en prensa y vídeo, de un grupo terrorista de Al Qaeda, que se declaraba autor del atentado y lo explicaba casi en los mismos términos que habían figurado meses antes en los carteles de la oposición contra la política internacional del Presidente, su alianza con el de Estados Unidos y la participación española en la guerra.
La mañana del día once, poco después de la explosión, el representante vasco del nacionalismo independentista y notorio portavoz oficioso de ETA había negado la relación de la banda con la masacre de la estación de Atocha y apuntado, temprana y solitariamente, a la implicación del fundamentalismo musulmán.
En el breve espacio temporal que medió entre la conmoción y secuelas de la matanza masiva del jueves y las votaciones del domingo hubo, por parte de la oposición, un despliegue mediático de agresividad monocolor, una organizadísima técnica de acoso, usura y desprestigio del partido en el Gobierno con el fin exclusivo de canalizar en su contra la tensión, terror, tristeza y desconcierto que la imprevisible magnitud del suceso producía en los ciudadanos. La tesis era, en realidad, idéntica a la expresada por Al Qaeda: el Presidente pagaba, y pagaría, por su apoyo a la política de Estados Unidos y a la intervención en Irak. El pueblo español no podía menos de ver, pues, en él y los suyos los causantes de una inmensa desgracia que, además, amenazaba con repetirse de no cambiar políticas y dirigentes.
En ilustración cristalina del fin justifica los medios, el partido socialista y aliados ocasionales mostraron, en cuestión de horas, las dotes que en otros terrenos -economía, cultura, educación, trabajo- les habían faltado. Su eficacia fue, como siempre había sido, extrema en un aspecto: movilización, coacción, creación de grupos de presión, demagogía oportunista, difusión de consignas, manipulación de comunicaciones y mensajes; recurso, en fin, a métodos históricamente inseparables del fin justifica los medios. La mañana misma de las congregaciones para los minutos de duelo y de silencio la pared frente al instituto de enseñanza secundaria donde se encontraba quien esto escribe mostraba una pintada en la que se leía en grandes letras negras terrorismo=ETA=Al Qaeda=Aznar=cruz gamada. Contra lo que suele ocurrir en otros casos, en los que permanecen semanas o días, este letrero desapareció, púdicamente enjalbegado, nada más ganar el Partido Socialista las elecciones del catorce de marzo. No había sido borrado de cualquier manera ; se trata de todo el lateral de un edificio de una planta que amaneció el lunes repintado a conciencia, pero sólo en los paneles donde había habido ataques e insultos contra el Partido Popular. Los otros graffiti, en colores y grandes dimensiones, estaban intactos. El de marzo de 2004 fue un decorado de despliegue rápido y puntual retirado tan pronto como se cerraron las urnas. La mañana del quince no existía. Una de las primeras cosas que los alumnos vieron al entrar al instituto fue las insignias ZP del nuevo presidente socialista, que lucían en su ropa los conserjes del centro".

cf. Mercedes Rosúa, Las clientelas de la utopía, Unisón, Madrid 2006, pp. 133-136.

martes, 8 de marzo de 2011

NIEBLA


La niebla se enseñorea de la estación belga. Se hace una con sus materiales dúctiles y plateados, apariencias de plástico, aluminio y vidrio que marcan el fin de la Edad del Hierro, edad del duro metal que entrechocaba sangres y era pedernal de heroísmos. La materia, en cambio, se muestra ahora más dócil, manejable a nuestra esperanza de dominar el tiempo haciendo ambiguo el espacio. Formas gráciles, aéreas, que parecen curvarse bajo el imperio de la niebla, son provisorias conquistas ante lo inevitable, lo férreo del ser. El frío se da por sobreentendido entre la bruma filosa, y las vías parecen dispensarnos de su rigor geométrico en un horizonte que se diluye.

domingo, 6 de marzo de 2011

QUADERNI FOLENGHIANI

Acabo de recibir el último número doble de la revista italiana Quaderni Folenghiani, que ha tenido a bien publicar otro artículo mío (ya publiqué uno en su cuarto número) sobre la influencia de Merlín Cocayo, "el Virgilio macarrónico" (que sólo cede en importancia en su época a Ariosto), en España. Su director, el profesor Giorgio Bernardi Perini, me ha ofrecido incluirme en el Comité Científico de la revista, especializada en la poesía macarrónica, y he aceptado gustoso. Ya me gustaría tener más tiempo para dedicarlo a este improbus labor sobre un campo aún en gran parte virgen.

viernes, 4 de marzo de 2011

DE LA EDAD DEL SILENCIO, PALABRAS Y MÚSICA


Andrés Rábago, "El Roto", acaba de publicar un libro en el que recoge sus tiras gráficas de la época en que firmaba como OPS bajo el título de La edad del silencio. Sus ilustraciones de El hermano lobo forman parte de mis recuerdos de infancia. Era un niño solitario y ensimismado, y quizás por eso, me encandilaban más esas figuras esquemáticas que rebosaban de sombra sobre un fondo inquietante y desolado, que parecía querer romper a lo lejos en un helado interrogante. A esa edad, se me escapaba el mensaje político de algunas de las tiras, y la fuerte violencia de algunas quedaba congelada en el hieratismo de los trazos. Ese misterio intangible y prometedor alimentó mi posterior gusto por pintores como Giorgio de Chirico y Max Ernst (Magritte me pareció más convencional), y descubrí más tarde influencias de éstos en OPS, quien llega a reproducir en alguna de sus viñetas cuadros de Ernst como La mujer oscilante. Con 12 o 13 años me ponía yo a copiar los oníricos maniquíes de Chirico, y leí su rara novela Hebdómeros que desgraciadamente perdí. Creo que será interesante conseguir el libro, y reencontrarme -espero- con alguna de esas prístinas intuiciones de aquello que la vida no ha terminado de ahogar, gracias, pienso, a que existe lo que llaman poesía.

Me ha llevado mucho tiempo terminar -si es lícito este verbo cuando se habla de un libro de poesía, y más cuando se trata de una antología- Mil años de poesía europea de Francisco Rico. Me han gustado particularmente las antologías de John Donne, Willian Blake, Baudelaire, Kavafis, Yeats, Apollinaire y Brecht. Esta antología, que lo es también de traductores, recoge traducciones de calidad y estilos diversos, y tal vez hubiera estado bien en algunos autores optar por un único traductor. Es un puro homenaje a la figura de éste el juego final de recoger 10 traducciones del poema L'albatros de Baudelaire.

He descubierto con desagrado que han desaparecido de los canales de la inefable TDT Radio Clásica y Radio 3, sustituidas por Radio 5.  Espero que esta supresión no afecte también al espectro radiofónico, pues si alguna cosa me alegra de pagar impuestos es poder escuchar estas radios, insostenibles quizás en el sector privado.

P.S.: más de dos meses después he conseguido resintonizar en Cádiz Radio Clásica. Más vale tarde si la dicha es buena.

Imagen: OPS
     

martes, 1 de marzo de 2011

LAICISMO Y CRISTIANISMO


"Esta cultura [la de aquellas que Habermas llama "chácharas postmodernas"] no es hoy propiamente laica. Fuertemente ideológica, refractaria a cualquier crítica, intolerante a cualquier objeción, resistente a cualquier contradicción, impermeable a cualquier argumentación contraria, esta cultura es laicista. Ésta se burla de la religión, la denigra, la considera "superada", la trata como una superstición, como residuo de una era mitológica, como herencia de otra época antropológica, como rastro de un estadío de inmadurez intelectual. Incluso después del ocaso de las ideologías, el laicismo europeo continúa bebiendo de las fuentes de Marx, Nietzsche, Freud y de todo aquel filón del "humanismo ateo" del que escribió Henri de Lubac. El laicismo apela continuamente a la ciencia de Galileo, pero, al mitificar sus procedimientos y forzar sus límites, no entiende la distinción -entre verdades de ciencia y verdades de fé- que el propio Galileo introdujo tan bien, y, con una conversión al cientifismo, lleva incluso las segundas ante el tribunal de las primeras. La única contribución que el laicismo está dispuesto a reconocer al cristianismo es la de la consolación de los necios, algo así como la magia, la astrología, las historias para niños, o los cuentos para incautos (Benedetto Croce, como hemos visto, además de más culto y serio, era también bastante más profundo cuando hablaba del cristiano como "hermano menor" del filósofo)."

cf. Marcello Pera, Perché dobbiamo dirci cristiani, Mondadori, Milano 2008, pp. 93-94.
(La traducción es mía. Existe una edición española: Por qué debemos considerarnos cristianos, Encuentro, 2010).
Imagen: Colegiata de Huy (Bélgica).