MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 7 de enero de 2011

"VIDA NUEVA" DE JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA

Acabo de terminarme este segunda novela de la trilogía de la que forma parte sobre "la educación sentimental, con la llamada "Transición" política española a la democracia como trasfondo", como se dice en una de las solapas interiores del libro editado por Paréntesis. El protagonista es el mismo niño de la primera novela, Vacaciones de invierno, convertido en un adolescente de 16 años -trasunto del autor-. El pretexto narrativo no es en este ocasión un episodio accidentado de la niñez del protagonista, en torno al cual se construye un lienzo trabajado con la coloratura de los recuerdos de la infancia, que sobrenadan el tiempo, y se hacen luminosamente tangibles, sino un período de tiempo exactamente medido (del jueves 21 de diciembre de 1978 al 31 del mismo), organizado en 21 capítulos, más un epílogo sobre los "Primeros días de 1979. Et caetera". En estas navidades el autor cuenta en primera persona una serie de vicisitudes y lances que podrían haber compartido muchos chicos de la época (y, en el fondo, de casi todas): el ambiente del instituto, los amigos, las diversiones, los primeros devaneos con chicas, las primeras inquietudes intelectuales y políticas, las poliédricas relaciones familiares, etc). Los que somos también gaditanos y pasamos ya de los cuarenta podemos recordar con nostalgia gran parte del mobiliario sentimental (las revistas como Lib, donde nos deleitábamos ocultamente con las sinuosidades de la anatomía femenina, los libros forrados de azul con su pegatina blanca, los radiocassettes de Ceuta, los LPs, los Seats 127, los pantalones de campana, los billares y los bocks -¡hacía tanto tiempo que no tenía presente esta palabra!-y butanos -que, posteriormente, cuando la TV "descubrió" el fenómeno en Madrid pasaron a llamarse doquiera "litronas"- de cerveza, librerías y bares de Cádiz tiempo ha desaparecidos e inubicables ya en la memoria, etc.) que puebla la novela de Benítez Ariza. Todos estos elementos no aparecen en la novela, sin embargo, con ningún interés costumbrista ni nostálgico, sino que son meramente operativos en la narración ágil y suelta que nos ofrece el autor. Con la penetrante sensibilidad y percepción a la que nos tiene acostumbrados, el novelista sabe hacer del detalle particular rasgo universal, que convierte a los tipos humanos y situaciones descritas en modelos, positivos y negativos, que atraen y fijan nuestra atención, y trascienden la anécdota. La novela, por otra parte, no está exenta de peripecia dramática, centrada en la creciente presión sanguinaria del terrorismo, y los miserables que lo apoyaban (gente que sigue existiendo, desgraciadamente para todos), y que lleva al protagonista a verse envuelto, a su pesar, en un peligroso incidente la noche de fin de año.
La adolescencia es época de indefinición, que se siente a sí misma como precaria, y esta vivencia queda perfectamente recogida en el discurrir del protagonista y sus compañeros; época en la que se siente que las propias decisiones y actos tienen consecuencias, inmediatas o lejanas, aunque no se quiera aceptar del todo. Esto quizás pueda dar razón de la estructura narrativa elegida por el autor, en la que se refleja casi hora a hora lo que le ocurre a su protagonista en este período de tiempo, el más proclive, de por sí, para la evocación y la conciencia del paso irreversible del tiempo.
En esta Vida nueva no dejo de percibir un poso de ironía amarga e inevitable, embebida de esas ilusiones adolescentes que siempre son frustradas en mayor o menor medida con el paso del tiempo, y que llevan al autor al final de la novela a usar el símil de la voz en off que cierra algunas películas para dar cuenta del destino ulterior de los protagonistas, para hacer lo propio con los de su novela, víctimas de esa vida nueva -título en sí irónico más allá de la referencia dantesca-, que se prometían quizás más feliz en su coraza adolescente, y que el tiempo reconduce por los seguros, pero estrechos, senderos de la rutina.

5 comentarios:

Aurora Pimentel dijo...

A mí me gusto mucho Vacaciones de invierno, lo leí de un tirón hace ya casi un año. Vamos a ver éste. Del otro recuerdo el niño tan malo, pobre, que está enfermo en el hospital con él. Y la descripción, el ambiente casi que hueles de hospital de antes...

J. G. dijo...

poliédricas en efecto, en navidad y fuera

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Este libro se lee casi de la misma manera, Aurora, aunque la adolescencia impone sus ritmos narrativos.
Besos.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Poliédricas, J.G., y hasta caleidoscópidas.
Saludos.

Grandolina dijo...

Hola José Miguel!

Desconozco estos dos libro sobre los que nos hablas.
Muy completa tu descripción, sin duda invitan a leerlos.

Feliz año 2011!! Que tus día estén llenos de luz, armonia, paz y amor.

Un beso.