MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

martes, 29 de junio de 2010

PURGATORIO


Estoy despierto, lo sé, pero sé también que estoy muerto.


Soñé un zumbido que se hacía más y más fuerte,


y me he despertado oyendo gemidos que suben y bajan


por el ascensor junto con gritos y risas malignas.


Estas voces son una losa de angustia en mi pecho.


Enciendo la luz, todo sigue igual: son las cuatro en el móvil.


Me levanto y salgo al pasillo; veo los cuartos


de los demás: un terror indecible me impide acercarme.


Llego hasta el servicio, pero al salón no me alcanzan las piernas.


Vuelvo a mi cuarto tambaleándome, apago las luces,


cierro los ojos; punzadas de luz me obligan a abrirlos:


Ya no me cabe duda de que dormir no es posible.


Me agito y comienzo a sentir picores por todo mi cuerpo.


Cesaron las voces ininteligibles; es tiempo de espera.


Lo peor es saber que se terminaron los sueños.





Imagen: Porta Speciosa del monasterio de Leyre.

viernes, 25 de junio de 2010

UN BLOG NO HACE VERANO

Uno de los blogs que sigo ha anunciado su cierre hasta septiembre. Esto me ha hecho preguntarme qué ocurre con los blogs en verano, ya que yo abrí el mío a mediados de octubre del año pasado, y éste que viene va a ser mi primer verano "bloguero". Imagino que, como para todo el mundo, el periodo estival supondrá un parón en cierto modo para los blogueros, debido a las vacaciones que se tomen fuera de casa (quien pueda), y la ruptura con las rutinas habituales. Espero seguir encontrándome con los que sigáis teniendo abiertas estas ventanas al mundo. Llegado a este punto, debo anunciar que mi blog va a sufrir una parada forzosa a partir del jueves próximo, por la hospitalización de un familiar muy cercano y que debo atender, pero espero poder volver pronto a escribir aquí, con suerte y con ganas.


Ironías. Abrí este blog con la nebulosa idea de dar a conocer mis poemas, y, hace algunos meses que no escribo poesía, y sólo estoy pendiente del blog, y de cumplir con la férrea disciplina que me he impuesto de escribir dos entradas a la semana. La situación es tal que se me ocurren más ideas para ese blog apócrifo que me atribuyen, que para este mío. Y es que, cuando cuelgo poemas me siento cada vez más como el protagonista de una película (algún amigo cinéfilo quizás podrá decirme el título), detective privado de profesión y especialista en instalar micrófonos, cuya vida íntima está marcada por el fracaso, en una doble vertiente sentimental y artística: saxofonista frustrado, aparece en la película intentando imitar el solo de un disco de jazz, pero se queda sin aliento. El tipo se mete en líos que le vienen grande, y de espiador pasa a espiado. En el final de la película el protagonista aparece en su casa, que ha revuelto inútilmente en busca de micrófonos, sentado en el suelo, e interpretando un solo de saxofón.


He caído por casualidad en el blog de Enrique Dans, donde contradice la presunta "muerte de los blogs". Afirma que han surgido medios alternativos de estar presente en la Red (redes sociales, Twitter, etc.), pero que esto no significa la desaparición de los blogs, que  por el contrario, se han integrado perfectamente en otros contextos, como el de la prensa digital. Eso sí, concluye que es muy fácil abrirse un blog, pero que mantenerlo ya es harina de otro costal.


El trabajo no ha terminado en los institutos, pero ya no hay alumnos. A veces aparece algún padre o madre despistados, para recoger las notas de sus vástagos, y alumnos que han culminado brillantemente su selectividad. Lo peor de la rutina es que no se traiciona nunca a sí misma. Todos los cursos se repiten las mismas situaciones con distintas caras, y, aunque cambie de centro, sé que nada me aliviará de estas recurrencias, en una condena que se me promete más larga que la de Montecristo.


Una larga siesta, como la que me he pegado hoy, puede hacerte sentirte incómodo, como si fuera una traición al sueño nocturno, y, otra vez, a la rutina establecida.


A vueltas con la poesía, me he reencontrado recientemente con la de Kavafis, y he vuelto a admirar esa envidiable habilidad suya para recrear el mundo antiguo helenístico, y llenarlo de aromas del presente.


Últimamente soy demasiado víctima de la envidia, así que lo dejo aquí (de momento). Muchas gracias a todos, amigos.

Imagen procedente del blog Ingeniería civil



martes, 22 de junio de 2010

DESPEDIDAS

Esta mañana han terminado las clases. En un grupo de 2º de ESO, al confirmarles a los alumnos que ya no estaré con ellos el curso que viene, dos chicas se pusieron a escribirme una carta salpicada de emoticones, y la metieron en un sobre, que improvisaron primorosamente con un folio. Guardando su anonimato, me permito reproducir su contenido, faltas de ortografía incluidas:

"Hola Profe!

Queremos decirte que te queremos mucho y te echaremos mucho de menos. Perdón por los malos ratos que hemos hecho pasar.

Eres muy buena gente, nos ha gustado mucho tus clases porque siempre nos reimos mucho contigo.

Estamos muy tristes porque te vas, esperamos que te vaya muy bien en el siguiente instituto al que te vallas, y que no nos olvides
(Bueno, tampoco es tan fácil olvidarnos)

Te has portado demasiado bien con nosotros. Eres muy gracioso y muy simpático, por esto te hacemos esta carta!

DE TUS ALUMNAS

E. y F.

Muchas gracias por todos tus consejos y ayudas".


Muchas gracias a vosotras, chicas, de corazón.
No os olvidaré.

viernes, 18 de junio de 2010

LA ÚLTIMA CIMA


Ayer fui a ver el documental La última cima, centrado en la vida del sacerdote Pablo Domínguez, decano de la Facultad de Teología de San Dámaso, muerto recientemente a los 42 años mientras practicaba la escalada. A través, básicamente, del testimonio de personas que lo conocieron, se traza el retrato de un hombre relativamente joven, un cura con carisma y alegría -algo en lo que se insiste a lo largo de la película-, intelectual y al mismo tiempo sencillo, entregado a los demás, hijo de su tiempo, y dotado de un poder de convicción arrollador, que desplegaba en una actividad frenética.
El contenido, evidentemente hagiográfico (el joven cura había despertado las esperanzas de los obispos españoles, y parecía llamado para altos designios), es presentado por el propio director del documental, que aparece varias ocasiones en pantalla, en un marco de desafío hacia el entorno mediático dominante, que sólo ofrece una visión negativa del sacerdocio. Ese tono "contestario" se traduce en un ritmo trepidante y un montaje caleidoscópico, que a veces me parece abusar de la aceleración de imágenes y de una música inadecuada. Quizás el mayor defecto, en mi opinión, del documental es que no se deje tomar más la palabra al propio protagonista, quien lo hace fragmentariamente, aunque, claro está, esto iría en contra de un montaje más vistoso.
Digo esto último, porque es cuando se puede ver hablar o escuchar al cura Pablo que la película te sacude con más autenticidad. En El acercamiento a Almotásim, Borges trazaba la historia de un joven que busca al sabio Almotásim, y va encontrado en su camino a hombres que lo conocieron, y en los que ha quedado una huella de la grandeza y la luz del sabio. A mí no ha dejado de estremecerme por dentro la voz de este cura, que decía con una intensidad nueva cosas tan antiguas, y que deberían ser tan evidentes. La fuerza del amor, la necesidad de buscar sentido a la vida en su cotidianeidad, la conciencia de lo pasajero, y el afán de alegría ante esa puerta que se llama muerte.
Yo, que soy de una fe tibia, me puse a pensar en la inmensa suerte de las personas que pudieron tratar con este hombre, y compartir su gracia, aunque también entendí que este camino no puede iniciarse sino desde uno mismo, y, que, como los niños pequeños, hay que atreverse a caer para empezar a andar.
Gracias, Pablo.

martes, 15 de junio de 2010

POLÍTICAMENTE CORRECTO (I): Antiamericanismo.


"Hay que distinguir entre el antiamericanismo y la crítica a los Estados Unidos. La crítica a los Estados Unidos -vuelvo a insistir al respecto- es legítima y necesaria, a condición de que se apoye en informaciones exactas y se refiera a abusos, errores o excesos que existen realmente, sin pasar por alto, deliberadamente, las decisiones oportunas, las intervenciones provechosas o bien intencionadas, las acciones coronadas por el éxito [...] El antiamericanismo se basa, por su parte, en una visión totalizante, si no totalitaria, cuya ceguera pasional se reconoce, en particular, en que esa censura universal reprueba, en el objeto de su execración, una conducta y su contraria a pocos días de distancia o incluso simultáneamente [...]
La izquierda, deshonrada por su participación en los genocidios comunistas -o por su indulgencia complaciente y cómplice para con ellos-, se inventa permanentemente una versión de esa historia según la cual el único totalitarismo que parece haber existido en el siglo XX ha sido el nazismo y, de forma más general, el fascismo en sus múltiples formas. A eso se debe el martilleo incesante sobre Hitler, el Holocausto, Mussolini, Vichy, mientras que la crónica de los crímenes del comunismo, que, además, se siguieron y se siguen perpetrando, en cambio, mucho después de 1945, es siempre objeto de una censura vigilante [...] Así pues, no es de extrañar que los estudiantes, en sus declaraciones y manifestaciones públicas, se refieran a una historia mutilada: esa historia expurgada es la que predomina en las enseñanzas secundaria y universitaria [...] Así pues, se comprende el papel fundamental del antiamericanismo en el centro de ese dispositivo. Europa en general y su izquierda en particular se absuelven de sus propias faltas morales y sus grotescos errores intelectuales vertiéndolos sobre el gran chivo expiatorio que es América. Para que la estupidez y la sangre desaparezcan de Europa, es necesario que los Estados Unidos, a contracorriente de todas las enseñanzas de la historia verdadera, pasen a ser el único peligro que amenaza a la democracia. Incluso en la época de la guerra fría, de nada servía que la Unión Soviética o China se anexionaran la Europa central o el Tíbet, atacasen a Corea del Sur, esclavizaran a los tres países de Indochina, satelizasen a varios países africanos o invadieran Afganistán, de ello resultaba para los europeos, de Suecia a Sicilia, de Atenas a París, que el único "imperialismo" existente era el americano.
Por motivos en parte diferentes de los de la izquierda, la derecha europa comparte en gran medida esa visión acusadora de América [...] La derecha europea procesa a los Estados Unidos para no tener que explicar con sus propias equivocaciones el surgimiento de su superpotencia. A juicio de la izquierda, el antiamericanismo tiene, además, la virtud de permitirle proseguir su lucha contra el liberalismo. Así, L'Humanité del 27 de abril de 2002, en modo alguno desalentado por la "caída final" del Partido Comunista en las elecciones del 21 de abril, escribe que la batalla contra el Frente Nacional es la batalla contra "el fascismo, el racismo y el ultraliberalismo". Por consiguiente, no ha cambiado el asunto: se trata de asimilar el liberalismo al fascimo y los Estados Unidos son, naturalmente, la fortaleza del liberalismo y, por tanto, del fascismo. Observemos, además, de pasada, que incluso moribundo, con su 3,4 por ciento de votos, el Partido Comunista tiene la mentira tan clavada en el cuerpo, que no puede por menos de permanecerle fiel incluso en el momento de la defunción: en efecto, Le Pen en absoluto es liberal, sino antiliberal, aunque de extrema derecha o por ser de extrema derecha, y es tan antiamericano como la izquierda. Por lo demás, Mussolini y Hitler fueron violentamente hostiles al liberalismo, tanto como Stalin y por la misma razón: conocían el vínculo único que une al liberalismo a la democracia. En su época, la democracia británica era el blanco principal de su execración. Para los totalitarios de hoy, ya se llamen Laguiller [política troskista francesa, líder del partido Lutte Ouvrière] o Le Pen, América es la que desempeña la función de cabeza de turco".

cf. Jean-François Revel, La obsesión antiamericana, Urano, 2003, pp. 203, 221-224 (La aclaración entre corchetes es mía).

viernes, 11 de junio de 2010

ISLA DE OUESSANT

En el verano de 2007 estuve con mi compañera en Francia una quincena. Estuvimos en Paris, y luego recorriendo Bretaña. Ella quería visitar Brest, que le sonaba de su hermanamiento con Cádiz. Ciertamente, encontré algunas semejanzas entre las dos ciudades, aunque no en aspectos positivos. En la oficina de turismo decidimos visitar la isla de Ouessant, el territorio de Francia habitado situado más hacia el oeste, a 20 kms. de la costa bretona, que tiene una superficie de 8 kms. de ancho por 4 de largo. Cogimos un ferry, y aquella isla fue una verdadera revelación para mí. Verdaderamente, no estaba preparado para lo que iba a encontrar allí: un paisaje agreste y primigenio, como recién salido del alba de los tiempos, una isla sin árboles (pues es batida por fuertes vientos), puntuada por rocas que parecen plegadas sobre sí mismas, en torno a las cuales pasta un ganado disperso de carneros negros que vaga libremente.



Esta simplicidad sobrecogedora no se veía alterada por los faros y otras edificaciones humanas que jalonaban las riberas de la isla como testimonio de un testarudo afán por sobrevivir.


Los habitantes de la isla, que en la actualidad son un millar escaso, son famosos por su proverbial generosidad y valor en el rescate de náufragos. Hasta tal punto, que gran parte de la madera que se usaba en la isla era la que provenía de los naufragios. (Ouessant guarda la entrada del Canal de la Mancha, y el tráfico naval, así como las tempestades, son continuos en sus contornos). Los hombres se han consagrado tradicionalmente a la navegación (la pesca no es posible, pues la isla carece de puertos naturales), y las mujeres se han dedicado a la agricultura y a la crianza de ganado. Ouessant ha sido llamada por ello "la isla de las mujeres".
En la costa me llamaron la atención unas improvisadas e inestables pilas de piedra, que deben haberse extendido por efecto imitación, imagino, y que se me antojaron símbolo del quehacer humano, siempre sobrepujando con la naturaleza, usando lo que ella nos ofrece, y construyendo quimeras inestables que no resisten al tiempo, pero que, al mismo tiempo, son testimonio de nuestra grandeza y dignidad como seres que aspiran siempre a superarse y trascenderse a sí mismos.


Una de esas fotos es la que sirve de fondo al encabezamiento de esta bitácora. Otra cosa que me impresionó sobremanera fue el pueblo y su pequeño cementerio, situado en su mismo centro, y marcado por la tradición de la proëlla, o enterramiento vicario de los fallecidos en el mar. Esta armonía de vida y muerte, este sobreponerse, entre tanta trágica y áspera belleza, a lo inevitable de la existencia, estaba quizás resaltado por la naturaleza insular del entorno, que puede facilitar que el hombre se mire a sí mismo en busca de lo que hay en él de sobrehumano. La mayor parte de las casas más antiguas están pintadas de azul y blanco, colores de María, o de verde, color de la esperanza.
Fue el recuerdo de este prodigioso lugar lo que, meses después, me llevó a volver a escribir poemas, después de varios años de silencio. Éste es el poema en cuestión.


CEMENTERIO DE OUESSANT


En la colina de un pueblo insular, encajado en su centro,

y abarrotado de cruces y pétalos, el cementerio

se halla. La iglesia de rompeolas le sirve, y remansa

en una calle contigua, plácida de cafecitos

y tiendas diversas. Discretamente lo orillan turistas,

al color local distraídamente rendidos.

Un monumento a los caídos del pueblo les pide

a los visitantes de chanclas y gorra que se descubran.

Contigüidad de ciudades, vivos y muertos a mano.

Bajo las tumbas floridas yacen familias enteras,

juntas comparten destino, y bajo los ramos aguardan.

Campo de surcos el cementerio, semillas inciertas,

vida tuvieron y vida tendrán acaso futura.

Muerte y vida son vasos comunicantes, eternos.

Los que pisan la tierra toman el aperitivo

cerca de los difuntos, sin prisa. Los subterráneos

yacen ajenos a flores y cintas que los recuerdan.

martes, 8 de junio de 2010

DE MUDANZAS Y HUELGAS


Este pasado domingo bajé de los altillos del vestidor las cajas de mi ropa de verano. Tras comprobar, con cierto alivio, que todavía entraba en los pantalones, y que me cerraban las camisas, fui metiendo la ropa en la lavadora, puse el programa delicado (les dí un ojo, como se dice por aquí), y las fui tendiendo. Formaron las ropas, extendidas en los cordeles de mi terraza, una serie de estandartes multicolores o banderas de señales, quizás para la esperanza de permanencia. Uno es, tal vez, también lo que viste. Lo de los nudistas me parece una estupidez que habría hecho reír hasta a Rousseau.
Las ropas de verano son ligeras, sus tejidos son agradables de sentir sobre la piel, a diferencia de la ropa de invierno que se te pega como una condena, te aleja del cuerpo, y a mí, curiosamente, se me estropea incluso más. Tengo camisas de hace varios años, en muy buen estado, y no me gusta deshacerme de ellas (últimamente compro más camisetas que camisas, pero eso es otra historia). Alterno lo viejo con lo nuevo, como la vida. La ropa te hace sentir ligero, elegante, llegado el caso, y hasta atrevido. La desnudez (fuera de su contexto) me haría sentir agarrotado, y cohibido. No nacimos para estar desnudos, pienso.
Este rito repetido, empero, no te libra de los nubarrones que asoman en el horizonte, y no tiene porqué asegurar un verano feliz. Ruego a Dios que todo vaya bien.


Hoy ha sido un día de huelga. En mi centro no ha venido un poco menos de la mitad de los profesores. Ha habido una relativa calma pues han faltado muchísimos alumnos. No creo en las huelgas de un día, no valen para nada, y menos las organizadas por sindicatos adeptos del gobierno, que las convocan más bien para cubrir el expendiente, e intentar justificar su penoso papel. Varios días de huelga a la semana hasta fin de curso si tendrían repercusión, al menos en la Enseñanza, pero algo así no lo van a organizar estos señores sindicalistas, que deberían estar pidiendo la dimisión del inepto y ya siniestro personaje que campa por la Moncloa, que, en su funesta imprevisión, inseparable de su afán de clientelismo -que figura como rótulo luminoso en la entrada de su parque temático giliprogre- no ha encontrado otra medida, ante las exigencias de Bruselas, que atacar a los más débiles (funcionarios y pensionistas) (pero en este país no hay nada como ser "de los suyos", país que empieza a ver como normales demasiadas cosas, como la violencia antisemita) en vez de cortar el grifo de su compra de favores. Así que he trabajado con los alumnos que han venido, que falta que les hacía.

viernes, 4 de junio de 2010

VERANO CERO


 

Where is the summer, the unimaginable / Zero summer? (T. S. Eliot)


Sobre el usillo encharcado, medio dedo de plástico

apunta al nuevo verano. Gira la golondrina

sobre el altar, imprevisto emblema del Tiempo vencido.

Fuera, estelas de condensación puntúan el cielo

de inciertos destinos, humanos y azules, mas no compartidos.

¡Verano que rápido exuda su eternidad soleada,

cuando las sombras se alargan hasta hacerse perennes!

Tras las cortinas, el sol estampados enciende de tarde,

y deja el viento reflejos marinos en las baldosas.

Apuro en silencio el rubor vespertino bajo la luna,

mientras espero el frescor de la noche liberadora.



martes, 1 de junio de 2010

MÍSTER PACIENCIA


El viernes pasado se celebró la ceremonia de graduación de los alumnos de 2º de Bachillerato de mi instituto. Hubo discursos, vídeos e imposición de bandas en el salón de actos delante de familiares y compañeros. Los chicos también quisieron, a su vez, imponer bandas a los profesores presentes. A mí me impusieron la que podéis ver en la foto, Míster paciencia. Mis alumnas dijeron en el acto que era porque lo merecía, ya que había tenido mucha paciencia con ellas. La verdad es que he tenido que bregar con ellas todo el curso, sólo para conseguir que se pusieran a trabajar, enfandándome con ellas porque no hacían las tareas, y se ponían a charlar en clase como si tal cosa. Llevo ya unos años en la profesión, pero me resultaba increíble esta actitud en el último año de bachillerato. Al final conseguí que me aprobaran tras mucha lucha. No son malas chicas, pues han reconocido mi esfuerzo y desvelos a su manera; son, en parte, víctimas de una sociedad que las embebe de un hedonismo complaciente y de falta de sentido de la responsabilidad (que a veces, lamentablemente, se inoculan también en la escuela).
Hoy he recibido, asimismo, la confirmación de que cambio de centro para el próximo curso. Curiosamente, me marcho del instituto con esta promoción, pues empecé a darles clase en 1º de ESO, hace ya 6 años. Buena suerte, chavales.
Espero que en mi nuevo centro no tenga que ejercer tanto esa presunta virtud mía.