MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 26 de febrero de 2010

PERFECCIÓN


Brisa ligera. Cielo azul, tranquilo


abismo donde caen mis deseos.


Deslumbrante escenario de recuerdos


de soleada infancia.


Quietud ya del exceso de mi vida.


Susurros de una muerte


pequeña, inesperada.


Apacible locura.

martes, 23 de febrero de 2010

LOS VISIONARIOS (III): CARLOS CASTANEDA


Cuando Carlos Castaneda publicó Las enseñanzas de don Juan en 1968 se estaba en la cresta de la ola de la psicodelia y del interés por las sustancias psicotrópicas, también llamadas enteógenas (resaltanto su presunto valor místico). Desde entonces el éxito y la polémica acompañaron al personaje. Presunto receptor de las enseñanzas de don Juan Matus, brujo yaqui de Sonora (Méjico), Castaneda se eclipsa de la vida pública a medida que crece su éxito editorial. Si en el primero de los libros Matus aparece principalmente como un chamán que inicia a Castaneda en el empleo de las drogas enteógenas (peyote, mescalina), en los libros siguientes (Una realidad aparte, Viaje a Ixtlán) el brujo yaqui se revela poseedor de una sabiduría ancestral, "la vía del guerrero", y de unos poderes paranormales independientes del uso de drogas. Este periodo culmina con Relatos de poder, donde don Juan se despide de Castaneda (narrador en primera persona de los libros) para siempre, antes del final de la obra donde éste se enfrenta a lo "desconocido" saltando a un abismo.
Un tono épico y sentencioso, entreverado de episodios cómicos, costumbristas y fantásticos caracterizan el estilo de estos cuatro primeros libros o, ya por decirlo claramente, novelas, aunque Castaneda siempre insistió en la veracidad de sus relatos.
Los siguientes libros presentan, por el contrario, una gran variedad de tonos y estilos. Así, El segundo anillo de poder narra como novela de intriga y acción el encuentro de Castaneda con el resto de seguidores de don Juan, que intentarán acabar con su vida o ponerlo a prueba como nuevo "nagual" o líder tras la entrada de Matus con todo su ser en la "tercera atención" o dimensión paralela al mundo fenomenológico. El tono cambia radicalmente en la sexta entrega, El don del Águila, donde Castaneda, tras constatar su fracaso como "nagual" o líder se dedica a practicar el "arte de ensoñar" (técnica de control consciente de los sueños para acceder a otros planos de conciencia, enseñada por su maestro). Gracias a ello consigue "recordar" una serie de enseñanzas que le dio don Juan forzándole a entrar en un estado de conciencia acrecentada que luego le hizo olvidar. Recuerda así al resto de brujos pertenecientes al grupo o tradición de don Juan, y su particular objetivo: conseguir el "don del Águila", es decir, ingresar en la "tercera atención" sin morir, como le ocurre al resto de la Humanidad. Tras el estilo sombrío y distante de esta sexta entrega, quizás el más interesante de los libros de este segundo período sea el séptimo, El fuego interno, que recupera algo del tono de exaltación épica de Viaje a Ixtlán, como el episodio de la lucha con los desafiantes de la muerte, brujos precolombinos que se enterraron vivos para desafiar a la muerte, y consiguieron no morir aunque pagando un precio horrendo. El octavo, El conocimiento silencioso, adopta un tono básicamente académico en la exposición de conceptos como el "arte de acechar" o técnica de limpieza del "cuerpo luminoso" (que es el que ingresa en la "tercera atención") mediante maniobras como el borrado de la historia personal, la impecabilidad, la pérdida de importancia personal, la falta de compasión, etc. El último de los que leí, El arte de ensoñar, es el más mórbido e inquietante de todos, y se centra en el encuentro de Castaneda con el "inquilino", antiguo brujo que consiguió sobrevivir a lo largo de los siglos tomando la energía sobrante de los naguales de la línea de don Juan. El último de los libros publicados, Pases mágicos, se desvela claramente como un típico producto new age, y es un manual ilustrado sobre posturas de captación y conservación de "energía".
No por más previsible resulta menos lamentable esta conclusión de lo que podríamos llamar, algo pedantemente, corpus castanédico. Tras una primera época de exposición de unas enseñanzas que recogen elementos tradicionales chamánicos (uso de drogas psicotrópicas, animales mágicos y "aliados", viajes incorpóreos), Castaneda desarrolla una oscura pseudorreligión, en la que una especie de demiurgo impersonal llamado el Águila es la fuente de toda conciencia existente, que le es reintegrada a la hora de morir, salvo en el caso de los pocos elegidos que consiguen conservarla mediante sofisticadas técnicas e ingresar en una especie de eternidad de conciencia pura. En este mundo sectario y sombrío no hay lugar para el amor, y sí para el egoísmo de la autoconservación a toda costa. Este callejón sin salida ontológico debió de llevar a Castaneda en sus postreros años de vida a intentar revitalizar su legado convirtiéndolo -signa temporum- en una danza new age, apta para cualquiera de los patéticamente numerosos occidentales aficionados a la "realización personal" y a la espiritualidad a medida.
Fabulador en el más amplio sentido de la palabra, Castaneda es un extraordinario narrador, y crea en don Juan Matus un inolvidable tipo literario. Hay que agradecerle, con todo, su insistencia en afirmar que la realidad no es sólo lo que vemos, que merece la pena luchar por superar los propios límites y ponerlos a prueba, y que los sueños son también parte de nuestra conciencia, y no un mero objeto de interpretación freudiana.

sábado, 20 de febrero de 2010

AEROPUERTOS: VARSOVIA-KATOWICE


Aquel extraño y hostil aeropuerto


donde el pasaporte te lo visaba


un militar que te recordaba


viejas historias de agentes secretos,


donde los taxistas te están esperando


en la terminal con miradas atentas


y distantes bigotes frente a las puertas,


como barreras contra esa Varsovia


que acero y cristal escupía en la noche,


todo dejaste atrás aliviado


y tenso, andando en la cuerda floja


de un ciego amor que no acepta derrotas,


en busca del vuelo interior y nocturno


que en mínimo jet tembloroso y estrecho


a Katowice te condujera,


pequeño aeropuerto o supermercado


mejor lo llamaras de luces escasas,


cercado de un bosque prieto y nevado,


que contemplabas tras los cristales,


de cuyas profundidades querías


ver surgir, como dríade blanca,


la chica por quien habías dejado


el sol y el calor de tu tierra lejana.

miércoles, 17 de febrero de 2010

MI PRIMER POEMA PUBLICADO


He sabido hoy, gracias a mi amigo José Manuel Benítez Ariza, que me han publicado un poema en el nº 21 de enero del presente año de Calicanto, revista de creación literaria, editada por el grupo literario Azuer en Manzanares (C. Real), y dirigida por el poeta Antonio García de Dionisio. Es mi primer poema publicado en revista, y ha sido una muy grata sorpresa. El poema en cuestión es el "Concierto para el fin del tiempo" que podéis encontrar en la etiqueta MESSIAEN de este blog. Intentaré que me manden algunos ejemplares. Hay una presentación del número en Youtube. Ahí va el enlace:

viernes, 12 de febrero de 2010

PALABRAS DE CHESTERTON (II)


"Virgilio, quién dudará de tu suprema salud espiritual con sólo leer dos versos tuyos?
Pero la obra virgiliana nos reserva otras y más vivas claridades. La Eneida se funda, muy exactamente, en la caída de Troya, en el orgullo confesado de pertenecer a Troya. Hemos visto en Homero la primera alusión a Héctor. Pero Virgilio lo saca de la literatura y lo convierte en leyenda, la leyenda de que una dignidad casi divina puede ser, a veces, patrimonio de los vencidos. Esta es una de las tradiciones que preparó el advenimiento del Cristianismo, y especialmente, de la caballería cristiana. Esto es lo que sostuvo la civilización en el obscuro periodo de la Edad Media, y la causa de todos los caballeros. La actitud moral del hombre se encuentra con la espalda contra la pared; y la pared era Troya. A través de toda la Edad Media, podemos seguir las huellas del conflicto homérico, colaborando con el sentimiento cristiano. Nuestros compatriotas, y los hombres de otros países, tienen a orgullo, como Virgilio, proclamarse descendientes de los heroicos troyanos. El mundo se llenó de magníficos descendientes de Héctor, cuando nadie quería descender de Aquiles. En honor a la memoria de aquél, su nombre se convirtió en nombre cristiano, mientras que el nombre griego se olvidó".

G. K. Chesterton, El hombre eterno, ed. Porrúa, 1986. 

martes, 9 de febrero de 2010

LA VISITA MIL DOS

 

En primer lugar, mis mayores gracias al desconocido amigo o amiga visitante que realice esta visita. Me ha hecho pensar en este número en concreto la novela La noche mil dos de Joseph Roth, que leí en una traducción italiana -obra donde la vida se despliega en un amoroso demorarse en la descripción de su concatenación agridulce, nada que ver con el cartón piedra sanguinolento de S. King-. He estado reflexionando en lo que he leído en otros blogs sobre la literatura en la red (especialmente en el de JM Ridao y el de Aurora Pimentel), y me encuentro ahora en un curioso punto de inflexión: ya no me encuentro con esa cierta ansiedad de vigilar el número de visitas, seguidores y comentarios, y me empiezo a distanciar un poco (en el sentido de apreciar la perspectiva), en una especia de ataraxia bloguera. Ciertamente, el blog es una formato o plataforma de escritura distinta a lo que imaginaba (si es que imaginaba algo), y está condicionando mi labor creadora. Antes, hasta hace poco, sólo escribía poemas, y ocasionalmente los presentaba a concursos literarios; ahora, sigo escribiendo, tengo 22 composiciones para mi nuevo poemario que tiene una estructura bastante clara; algunas las he presentado aquí en el blog, e incluso han sido creadas ex professo para él. El hecho es que el blog ha pasado a ocupar el primer plano (me acuerdo de las recientes declaraciones de una escritora catalana que decía que no tenía blog porque no le gusta trabajar gratis; bueno, no deja de tener su lógica...). Me pregunto últimamente si conseguiré alguna vez publicar en papel... Mientras tanto, aquí recibo comentarios directos de los lectores, y se crean redes de complicidad con personas afines e interesantes. No me veo capaz de escribir una entrada diaria; me parece una labor hercúlea que tampoco me va. Si sintiera que no tengo nada más que decir, dejaría de publicar en el blog. En el ínterim, amigos, amigas, os sigo agradeciendo de todo corazón vuestras visitas y eventuales comentarios.

lunes, 8 de febrero de 2010

TERRORES (II): STEPHEN KING O EL APOCALIPSIS BANAL


El verano pasado, en casa de un amigo en Bilbao, estuve hojeando algunas obras de Stephen King. Las novelas no eran de mi amigo, sino de su mujer. Le pregunté a ella cuál era su favorita y me dijo que Cell. Empecé a leerla, y la verdad es que me enganchó. Al volver a Cádiz, me saqué el carnet de la biblioteca provincial para tomar en préstamo dicha novela y terminarla. Nunca había leído nada de King, sólo había visto sus adaptaciones televisivas o fílmicas (Carrie).
La obra está dedicada a George A. Romero, lo cual tiene su explicación. La humanidad es víctima de una epidemia de locura asesina que se propaga a través de los móviles, y convierte a los afectados, los "chiflados telefónicos" en una especie de zombis que matan a todos los normales que encuentran a su paso. Los supervivientes intentan huir a zonas sin cobertura donde no hallarán a esos mutantes. La trama se complica, pues estos seres se agrupan en "rebaños" que duermen de día, y se vuelven menos violentos. A cambio, desarrollan un poder telepático que atrae a los humanos normales con fines que se irán desvelando poco a poco.
Es innegable el arte de King. En una entrevista que leí hace unos años, se le pedía si podía improvisar una historia de miedo. Comenzó a hablar del hueco de una escalera, y aquello realmente impresionaba. Sólo he leído una novela suya, y quizás mi juicio sea precipitado, pero tengo la impresión de que hay algo que definitivamente "falta" en su obra, ese "no sé qué" que echaban en falta en la poesía neoclásica.
Cell se lee a un ritmo trepidante, y cautivador. Y sí, ciertamente da miedo. Lo que no hay lugar es a la imaginación y la reflexión por parte del lector. No se le ocurre a uno dejar un momento la lectura, y enfrascarse en pensamientos relacionados con lo que ha leído, o en paralelos con la propia vida. El artificio está muy bien construido, demasiado quizás. Se tiene la impresión de estar leyendo un guión cinematográfico donde se ha eliminado todo tipo de carga estilística, pensando en la acción pura y en la imagen impactante. Se hacen toda clase de guiños a la actual cultura tecnológica (moviles, ordenadores, virus, gusanos, incluso no falta el típico niño experto en informática que encuentra la clave de lo ocurrido en el cerebro de los "telefónicos"), y a la de los tebeos (el protagonista principal es un dibujante de cómics que recrea lo ocurrido a través de imágenes), lo cual no estaría mal si se combinara con otras referencias culturales. Es una carrera sin aliento, que deja una cierta sensación de vacío al final, cuando se superan las emociones de susto y angustia. Un apocalipsis banal, tras el que no hay nada de la complejidad de la vida transmutada o resuelta en literatura. Nada es lo que se otea a ambos lados de las carreteras surcadas por zombis y refugiados, nada lo que se adivina tras los desolados decorados urbanos que atraviesan los protagonistas, demasiado ocupados en ocultarnos su propia convencionalidad tras la tiranía del miedo.

viernes, 5 de febrero de 2010

PRIMERAS LECTURAS Y PÉRDIDA DE LA INOCENCIA


Se tiende a identificar la pérdida de la inocencia con las primeras experiencias amorosas. Para mí se dio antes en la pérdida de la fe en la literalidad.
Yo era un niño un poco "pesadito", y leía todo lo que caía en mis manos, sobre todo tebeos y literatura juvenil. En 8º de EGB gané un premio de redacción en el colegio, que consistía en una pequeña cantidad en metálico y un ejemplar de La hoja roja de M. Delibes en la colección DB de Argos Vergara. Con el dinero ganado no se me ocurrió otra cosa que comprar más libros de la misma colección. Allí leí Cien años de soledad, que ciertamente me fascinó, y releí. Luego, empecé Señas de identidad de Juan Goytisolo (pobre niño). Se me hacía arduo de leer, y llegué a llevar un cuaderno donde apuntaba las palabras que no entendía y las buscaba en el diccionario -yo entonces soñaba con ser escritor-. Al final me cansé de ese "tono adulto", que me resultaba desabrido y me hablaba de un mundo, el de la madurez, que no se me presentaba nada atractivo y harto complejo. Hubo, sin embargo, un pasaje de la novela que me chocó y no pude olvidar. En él Goytisolo venía a decir, más o menos, que ya no le apetecía ir a recibir la imposición de manos del santón barbudo que había convertido la ex-paradisíaca isla antillana en campo de concentración flotante. En un primer momento, no entendí a lo que se refería, y cuando lo comprendí, me desconcertó aún más, pues, en aquel entonces, mi padre era simpatizante o militante del PTE, y hablaba elogiosamente de Castro. Muchos años después, vi en un documental de TVE a Goytisolo contando cómo en uno de sus viajes a Cuba vino a verle un amigo ("Mi amigo era un hombre asustado", decía Goytisolo con esa voz suya glandular), para contarle lo que estaba haciendo el régimen con los homosexuales en los "campos de reeducación".
Tuve una experiencia similar, aunque de signo político contrario, unos años antes, siendo más niño, leyendo uno de los libros que había en casa de mi abuela materna, Es Usted un mamífero, del injustamente olvidado Álvaro de la Iglesia. Una de las historias que contenía el volumen se llamaba Kuku-fá o algo así, y era una parodia de la serie Kung-fú que en los primeros setenta se proyectaba en TVE. El protagonista del cuento escribía pidiendo consejo a su maestro, porque tras haberse pateado todos los EE.UU., se había embarcado hacia un país desconocido, donde había quedado tan desconcertado que pedía ayuda sobre qué hacer. Primero (según recuerdo) lo había detenido un policía chaparro vestido de gris y con una pistolita al cinto por hippy y por tráfico de drogas. Al querer explicar el contexto de uso de sus plantas medicinales dijo: "Verán, en mi país tenemos un movimiento..." Los policías abrieron entonces los ojos como platos y le dijeron algo así como que ésa era la tierra de María Santísima, y que allí tenían espiritualidad a raudales... A mí me hacía mucha gracia, pero en aquel momento se me escapaba el trasfondo político, cuyo posterior entendimiento fue para mí marca del final de la inocencia. Recordaré, finalmente -acordándome de unas recientes rimas de JM Ridao-, la última aventura del protagonista de kuku-fá en América, donde salvó "a coces" a una rubia de ser violada. Ésta le dijo: "pídeme, lo que quieras chinarro valeroso". Como le habían roto la camisa en la pelea, éste le contestó: "cóseme los botones". "Debió entenderme mal, pero gracias a Buda pude pararle las manos a tiempo".
Tarde algún tiempo en entender esto también; fue el lapso de la inocencia...

martes, 2 de febrero de 2010

MALA EDUCACIÓN


El actual ministro de Educación, Ángel Gabilondo, ha hecho unas declaraciones en las que ha advertido de que "los problemas de autoridad tienen que ver con algunos modelos un poco rígidos de un señor que habla y otros que escuchan" y aseguró que esto "se combate" con "clases más amenas y activas", así como "con más democracia, participación, comunicación, innovación educativa, proximidad, tutorizaje y trabajo en equipo" (Europa Press).
A mí este tipo de afirmaciones ya ni siquiera me irritan. Son como la enésima constatación del pernicioso espíritu que corroe la educación en España desde hace más de 20 años. Sansegundo, Cabrera, Gabilondo, o cualquier otro ministro kleenex que ZP se saque de la manga en el futuro, da igual, todos repiten inexorablemente el guión logsiano y su demagogia protomaoísta (exaltación de la juventud en su vertiente de carne de cañón asamblearia y manipulable, desprecio a la función de transmisión del saber como reaccionaria y sospechosa, ideologización forzosa a base de soi-disant "valores", etc.) e igualadora por lo bajo.
Sería, por tanto, inútil explicarle a este señor (que quiere hacerse la falsa foto de un pacto para la educación, cuando cualquier persona medianamente informada sabe que las competencias educativas están transferidas a las CC. AA., y que él pinta menos que uno de esos reyes taumaturgos franceses, que no mandaban más allá de París), inútil explicarle que en los centros existen órganos de gobierno democráticos que aseguran la participación de los miembros de la llamada "Comunidad Educativa", y que en la clase un profesor debe cumplir unos objetivos, y que muchas veces ni siquiera lo escuchan o se burlan directamente de él y de su saber; inútil explicarle que los alumnos ya vienen muy "amenizados" de casa y de su entorno y que no hacerles ver que estudiar es su deber y responsabilidad, y que tienen una deuda contraída con la sociedad que les ofrece esa capacidad de formación, es una gravísima irresponsabilidad que este país pagará en prosperidad.
Las teorías constructivistas, elevadas por la LOGSE-LOE a la categoría de dogma pedagógico, han relativizado la lógica función docente de transmisión de saberes, y han convertido al profesor en mero acompañante o guía del "proceso de aprendizaje" del alumno, que él mismo debe "construir", y el docente "motivar" -se supone que con "amenidad"-(¿Cómo "motivar" a estudiar trigonometría cada clase de cada curso?¿es que no suena ridículo?) de acuerdo con las expectativas e "intereses" de aquél. Algo totalmente opuesto a la concepción universalista del saber, pero, claro, eso no proporcionaría una legión de futuros votantes aborregados y con vocación de subsidiados.
Para la mentalidad adolescente, "democracia" suele significar "hacer lo que me da la gana" y "amenidad", "pasármelo bien". Es lo humano, y esperable. Pero un verdadero profesor no debe renunciar a su deber de mandar (Mercedes Ruiz Paz), ni a su dignidad.
Valga esto como inútil desahogo.