MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 29 de enero de 2010

UNA BUENA NOTICIA PARA LOS OYENTES DE RADIO CLÁSICA


Me acabo de enterar de que han cesado a Fernando Palacios como director de radio clásica (Radio 2 sin obviedades), y de que han nombrado en su lugar a Ana Vega Toscano. Recibo muchas malas noticias de la actualidad estos días, y esto no deja de ser un alivio inesperado. Había muchos descontentos con la orientación que estaba dando Palacios a radio 2, llenándola de banalidades y suprimiendo algunos programas que ha sustituido por banalidades y charloteo insulso. Me negué a escuchar su programa Música sobre la marcha, aunque alguna vez lo he sintonizando y ponía la misma música que podría poner Carlos Galilea en sus Los elefantes sueñan con la música en Radio 3 a la misma hora, que es, por otra parte, uno de mis programas de radio favoritos. Prefiero el original a la copia (Diré en descargo de Palacios que en una ocasión, tras poner una música de Bach, dijo: "Bueno, ¿y qué puedo poner ahora?", lo que le honra). Ana Vega Toscano es de "la vieja guardia" de Radio 2 como le escuché decirle en una ocasión al admirable José Luis Pérez de Arteaga. Espero que esta licenciada en historia y periodismo, musicóloga y avezada pianista vuelva a recuperar el espíritu de esta radio, tal como trasluce en el programa Música de las esferas de esta bella mujer. Podría empezar por recuperar el programa La noche cromática de Durán-Loriga y Santacecilia, y acabar con ese batiburrillo de Sólo canciones que lo sustituyó. Pero, bueno, soñar no cuesta nada, y seguiré escuchando esta radio, y pasando de la actualidad carnavalera.

miércoles, 27 de enero de 2010

SUICIDIO DANTESCO

Uno de los pasajes literarios que me ha conmovido más profundamente desde que tengo memoria literaria es aquel del Infierno de Dante en el que describe la suerte de los suicidas, metamorfoseados en una forma de vida vegetal e infrahumana, cárcel de su autocompasión. Este recuerdo es el que ha guiado la siguiente écfrasis del cuadro El suicida de Édouard Manet.



EL SUICIDA


Un suicida tendido en la cama,

con la pistola colgando en su mano

ya sarmentosa, borrosa su cara,

a un mar de raíces sus piernas ha dado,

que cuelgan desmadejadas al borde

del lecho lloroso de fúnebres brotes.



Irrelevante resulta el motivo,

frente al fulgor de lo irrevocable.

La vida quiso crear su destino,

por mala pena de lo mudable,

cual árbol que de sus hojas caídas

lamente el otoño en eterna porfía.



lunes, 25 de enero de 2010

TERRORES (I): 'LA COSA' DE JOHN CARPENTER




No soy amante del cine de terror. Me parece un producto demasiado pensado para lograr un efecto predeterminado. Pero hago excepciones con algunas películas, entre ellas The Thing de John Carpenter (1982). La Cosa era una de esas películas que vi en los ochenta en una de las añoradas madrugadas de la segunda cadena, y que me dejó lo suficientemente impactado como para, muchos años más tarde, comprarla con un diario que apenas leo, El País, que la ofrecía en un cuidado libro-DVD dentro de su colección Cine de terror. El aficionado seguirá apreciando la aún vigente calidad y eficiencia terrorífica -lato sensu- de los efectos especiales de Rob Bottin, creados en las postrimerias de la era predigital, y el ajustado arte cinematográfico de John Carpenter.
Tres hechos me llamaron la atención de los contados en el libro de Toni García y el documental incluido como bonus. Uno de ellos fue el interés de Carpenter por crear un monstruo que no fuera "visible", a pesar de lo evidente que es en la película (calificada de monster movie) en sus truculentas metamorfosis; algo que no fuera un tipo encerrado dentro de un disfraz (como pasaba en el filme original de 1952, El enigma de otro mundo, o muy recientemente, en Alien), como decía el propio Carpenter. Creo que lo consigue plenamente, y convierte al alienígena en una amenaza mucho tanto más apremiante cuanto más difusa, como una especie de Horla antártico. Otro era el hecho de que la película tuviera que competir con otro alienígena que le resultó mortífero en taquilla, E. T. El público prefirió a este personaje que hoy calificaríamos como de políticamente correcto, frente al ser de la película de Carpenter, más semejante a una plaga infecciosa, como la que en la época se expandía por el mundo bajo el nombre de SIDA. El último elemento que creo que contribuye a dar una grandeza especial a la película es su final. Se cuenta que, para cubrirse las espaldas, Carpenter rodó un final alternativo al original, en el que el superviviente McReady (Kurt Russel) era rescatado y sometido a pruebas que demostraban que no estaba infectado por la Cosa. A la postre, el director consiguió imponer su final, de corte pesimista, y que implicaba la muerte más que probable de los dos supervivientes, Childs y McReady (Russel es un actor que, a pesar de los romos papeles que le he visto interpretar tiene un no sé qué de ambiguo y emotivo que no deja de darles un toque humanamente irónico), aislados y perdidos en la Antártida entre las cenizas humeantes de su estación polar, escena con la que se cierra la película, y que nos coloca insospechadamente ante la grandeza de los seres humanos cuando asumen las consecuencias, a veces trágicas, de sus actos y sacrificios.
Este final me ha inspirado -cómo no diréis- un poema narrativo:

LA COSA

Los últimos restos de la estación polar se consumen

entre las llamas. Ambos supervivientes escrutan

el fuego, como temiendo que surja, resplandeciente,

y sobre tentáculos sanguinolentos, la Cosa proteica

que en fieras metamorfosis segó la vida de tantos.

Los hombres comparten un trago de whisky, y alguna sonrisa

bajo la muda noche antártica tras la batalla.

Uno pregunta: “¿saldremos de ésta?¿Qué hacemos ahora?”,

el otro propone esperar un poco a ver lo que pasa.

Descansan de su heroísmo en una paz sin palabras,

junto al fuego que ven apagarse igual que sus vidas.

sábado, 23 de enero de 2010

MAR HACIA TI





El mar, la mar, el mar,

tonada de lo estéril y lo eterno,


fluyente cadencia de tiempo fatuo.


Conciencia, soledad, naufragio de oro,


amor y su derrota postergada.


Pierdo mi ser en este turbio espejo.

domingo, 17 de enero de 2010

HIPNOTOPÍA




Verde la hamburguesería que divisaba en el sueño,

verdes las mesas y sillas, rosáceas las pizzas absortas,

tal que yo de verla vacía e inexistente

frente a mi casa. Vuelo a impulsos del vientre en la noche

densa de luz amarilla en la calle de la Compañía.

Sobre la Catedral me elevo y sobre edificios

que desconozco, sereno y feliz como nunca en mi vida.

Lagos helados, escalinatas siniestras y pisos

mínimos que en mi angustia recorro de amor despreciado,

cárcel de amor conocida su bello rostro en la cama.

Torres, pasillos, verdes gargantas, luces de ruta,

tiendas de enigma, sol congelado en estancias,

casas desconocidas, parques tal vez olvidados,

surgen dudosos a veces en mi memoria, e ignoro

dónde se rompe la urdimbre de lo real y se cuelan,

ya inseparables, los rastros dispersos de lo soñado.





viernes, 15 de enero de 2010

PALABRAS DE CHESTERTON (I)




"Cualesquiera que sean los orígenes del edificio humano que está ante nuestros ojos, la familia constituye una célula central, alrededor de la cual, como una guardia de honor, velan las santas virtudes domésticas, que nos distinguen de la abeja y la hormiga. El pudor es la cortina de la tienda, y la libertad, la muralla de la ciudad. La propiedad es el cercado de la familia. El honor, su blasón. La historia se abre con una padre, una madre y un hijo, y si no somos de los que invocan una divina Trinidad, tendremos, sin embargo que invocar una trinidad humana, cuyo triángulo se repite hasta el infinito en la trama del universo. Pues el punto culminante de la historia, en el que se funda toda la historia, no es sino un nuevo triángulo invertido. O mejor dicho, es un triángulo superpuesto  y que está en intersección con el otro, formando un pentágono sagrado, más poderoso que el de los Magos y que es el principal enemigo de los demonios. La antigua Trinidad, compuesta del padre, la madre y el hijo, tenía un nombre: la familia humana. La nueva se compone del hijo, la madre y el padre y tiene un nombre: la Sagrada Familia. No se ha alterado en nada, aunque se haya invertido; lo mismo que el mundo que ella transformó"

G.K. Chesterton, El hombre eterno, ed. Porrúa, trad. de M. Aberasturi y F. de la Milla

lunes, 11 de enero de 2010

ZOZOBRA EN ECO





A Paco Gómez Escribano

Algo bulle por dentro

que ganas te da de llorar,

la angustia se asienta en el pecho

de lo que no puedo expresar.

Soy y no soy sin que quede

hueco por donde escapar;

tregua, armisticio u olvido,

vana conciencia sin paz.

sábado, 9 de enero de 2010

LA POESÍA MACARRÓNICA




He recibido el número 8 de la revista CALAMVS RENASCENS, así como un montón de separatas de un artículo mío que se publica en dicho número. Es también mi octavo artículo publicado sobre la poesía macarrónica desde que defendí mi tesis "La poesía macarrónica en España" en el ya lejano 2001. Cuando el director de mi tesis, el profesor Maestre, me propuso este tema pensé que no daría para mucho ("sí, hombre, como tú eres gaditano -más o menos recuerdo que me dijo, porque había algunos poemas ambientados en Cádiz-, puedes darle al trabajo una mica salis"), pero pronto descubrí todo un mundo literario casi desconocido en España y que me tomó varios años en poder abarcar con cierta seguridad. Mi tesis fue triplemente premiada y ahora la reviso, editando y traduciendo otros poemas macarrónicos hispánicos que he localizado estos años. En la actualidad, me enfrasco los sábados por la mañana en hacer la traducción rítmica de estos poemas, escritos en hexámetros clásicos. Avanzo con lentitud, pero pienso que la poesía debe intentar ser traducida en ritmo (las traducciones en prosa me resultan en muchas ocasiones hiperexplicativas y parafrásticas), pues te obligan, al menos, a la concisión precisa y a la economía verbal (las cadenas que desencadenan) -incluso, he trasladado esa estructura métrica a muchas de mis propias composiciones, al modo de A. García Calvo. La poesía macarrónica es un subgénero poético nacido en el siglo XVI, que representa la plasmación artística más lograda y exitosa del llamado latín macarrónico, convertido en metalenguaje literario. En la actualidad queda en la lengua popular el uso del adjetivo 'macarrónico', como recuerdo lejano de ese lenguaje. Puedo dedicar algunas entradas cortas a explicar, de modo somero y asequible, lo que fue este cachondeo culto de la poesía macarrónica (que dejó huellas hasta en El Quijote), si hay interesado/as en ello (ya que esto no es un blog filológico). Que no digan que éste no es un blog interactivo. Feliz fin de semana a todos vosotros, amigos, y ánimo para los que vuelven a las clases el próximo lunes.

jueves, 7 de enero de 2010

NEW ARABIAN NIGHTS




Este fin de semana pasado estuve en Toledo, y en el tren estuve leyendo el primer volumen de las New Arabian Nights de Stevenson (cf. R. L. Stevenson, El club de los suicidas. El diamante del rajá, Alianza Editorial, trad. de Luis Loayza). Resulta muy agradable encontrarse con historias de una arquitectura tan perfecta, y me fascinó de nuevo esos cambios de perspectiva y los puntos de vista oblicuos que nos ofrece el autor para hacernos seguir la trama de la mano de personajes secundarios que se convierten en meros instrumentos de las verdaderas voluntades ocultas que mueven los hilos de la intriga. Stevenson en un par de líneas describe magistralmente el escenario físico de los sucesos, y hace aparecer y desaparecer personajes en un juego de espejos que tiene mucho que ver con el de la vida. Esta maestría se manifiesta, asimismo, en el retrato de los personajes y en la agradable retórica de sus parlamentos, que forman un delicado y perfectamente trabado castillo de naipes, que el propio autor derriba de un generoso manotazo al final del libro, mandando a dar vueltas por el aire tanto al presunto autor árabe de los cuentos como al protagonista que atraviesa todas las historias como trasunto de la providencia, el príncipe Florizel de Bohemia, convertido, a la postre, en "el estanquero más apuesto de Londres".
En la estela de Stevenson, como decía Borges, hay que situar otro libro admirable que he releído con deleite en el pasado, Los tres impostores, de Arthur Machen. Es una obra de una arquitectura narrativa admirable, ejemplo perfecto de novela dentro de la novela, donde tres sádicos e imaginativos asesinos estrechan el círculo en torno a su víctima, el llamado joven de anteojos, que aparece recurrentemente en las historias que cuentan a los personajes que creen que pueden serles de ayuda en la búsqueda de su perseguido por un Londres amorosamente descrito por Machen como escenario ideal de misterios e intrigas, frente al anodino y previsible París.

martes, 5 de enero de 2010

MATERIA PERENNE


En sus Vacaciones de invierno, José Manuel Benítez Ariza describe morosamente las entrañas del hospital donde convaleció de niño. Atento a sus ruidos, ecos y luces fantasmagóricas lo sentía latir como si fuera un organismo. Ciertamente, la estancia en un hospital te fuerza a tomar conciencia de la materia circundante, de sus texturas, porosidades, así como de su carácter obtuso, indiferente y casi mágico respecto al sufrimiento de la carne. El poema que reproduzco aquí lo compuse mientras velaba a mi compañera, enferma en el mismo hospital de JMB, y paseaba por sus galerías y consultas, donde parecían resonar las frases de Primo Levi de su Il sistema periodico, que leía por entonces, en que describía su luego desengañada creencia juvenil de que la química le abriría la puerta a los arcanos del Universo.


HYLE


Cansina se ve la materia del hospital el domingo:

Las losas mil veces fregadas y la perlita blancuzca

de las paredes contrastan con las metálicas puertas

de Urgencias, inapelables y correderas. Las luces

halógenas de desoladas consultas la fotofobia

fuerzan de algunas plantas dispersas, de la madera

parientes, que blanda y cercana se muestra a la orgánica trama

de la asepsia acosada por entes inmemoriales:

Virus, bacilos, gérmenes, menos creíbles que duendes

frente a las gasas cruentas, goteros y toses resecas,

que a lo humano traducen la frialdad invisible

de la materia perenne.