MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

viernes, 2 de abril de 2010

SAN PEDRO DE CARDEÑA


Esta mañana me levanté temprano, y me puse a tender ropa en la terraza. Esa calma que venía entreverada con el fresco de la mañana y el repicar difuso de unas campanas me hizo pensar, primero, en este mes de marzo recién concluido, tan largo y agotador para mí, y luego, en mis estancias en el monasterio burgalés de San Pedro de Cardeña. Éste se encuentra a 12 km. de Burgos, y cuenta con una hospedería mixta separada de la zona de clausura, donde viven en la actualidad una docena escasa de monjes. Por un módico precio uno puede disfrutar de una sobria pero cómoda habitación con cuarto de baño y de tres comidas al día y, sobre todo, se puede compartir la vida de los monjes en sus momentos de rezos, y aspirar un poco de ese aire cargado del recogimiento y de la humildad que nace del trabajo diario. Siempre se cuenta con la franca acogida del joven monje hospedero, José Luis, que se multiplica por cuatro, junto al resto de monjes, que, aunque hombres ya de edad más que madura, se los ve con frecuencia vestidos con monos de trabajo y afanosos. He estado ya, creo, en tres ocasiones de breve retiro en el monasterio, y siempre me quedo con ganas de quedarme más tiempo. En mi última estancia nos abrieron la capilla privada de la zona de clausura para el rezo de vísperas. Ésta está adornada con un gran mural de ladrillos cerámicos pintados con gran arte por el artista valenciano Antonio Tomás, que representa a la comunidad en su cotidiano ora et labora. El contraste entre la comunidad actual y la representada en el mural una treintena de años antes me inspiró un poema que escribí en el libro de visitas del monasterio, y que quiero reproducir aquí:

 CAPILLA DE VÍSPERAS


Los monjes, en el estrado

sentados, desgranan los salmos.

Sobre el muro su imagen

más joven en azulejos

se muestra de bellos colores.

Conviven con su pasado

pintado, perfiles serenos,

y acatan el tiempo que acecha,

y marca el final de sus rezos.

7 comentarios:

Máster en Nubes dijo...

No lo conozco, JM, y es a un tiro de piedra que me queda, a ver si con esto que cuentas me animo. Dicen que hay vocaciones para clausura, para algunas clausuras al menos. De lo mejor de algunos monasterios es el lugar donde fundaron algunos, en plena naturaleza, apartados... qué gusto, qué paz... ¿Viste "El gran silencio"?

José Miguel Domínguez Leal dijo...

El entorno del monasterio es precioso, Aurora, y permite dar largos paseos. Está en lo que creo que se llama "semidesierto", apartado de las poblaciones circundantes, aunque no excesivamente. Tengo la película, y, curiosamente, en los extras del DVD aparece San Pedro de Cardeña, pues allí se hizo la presentación de la película, creo. Pienso que merece la pena ir, por la gente que se encuentra allí.
Un fuerta abrazo, Aurora.

El alegre "opinador" dijo...

Conozco el monasterio, pero nunca me he quedado hospedado en él. Sí que he estado en otros (La Oliva en Navarra, por ejemplo) y es una experiencia de paz y sosiego fuera de lo común.
Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Siendo bilbaíno, te quedaría bastante cerca. He estado también en el de Leyre. Son distintos pero igualmente recomendables.
Un abrazo.

Grandolina dijo...

Hola!

Me ha encantado encontrar este artículo sobre S. Pedro de Cardeña, que como burgalesa me es muy cercano y al que conozco de cerca.

Muy bien descrito el monasterio y sus monjes con el hermano hospedero José Luis muy activo y siempre con una sonrisa.
Un lugar muy solicitado, especialmente en verano, y en el que vale la pena perderse unos días.

Si me permitís "El gran silencio" está protagonizado por cartujos que tienen una regla muy estricta, la de los cistercienses no lo es tanto y se puede compartir con ellos los rezos e incluso hablar en el tiempo que su regla se lo permite.

Te enlazo en mi blog.
Un saludo.

Grandolina dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muchísimas gracias por tu visita, Grandolina, y hago lo propio con tu blog.
A mí me gusta mucho el monasterio. Es muy acogedor sin dejar de ser estricto en sus reglas, y los huéspedes son gente que da gusto conocer.
Un abrazo.