MEMORIA MÉTRICA

Miscelánea del poeta y traductor José Miguel Domínguez Leal

lunes, 25 de enero de 2010

TERRORES (I): 'LA COSA' DE JOHN CARPENTER




No soy amante del cine de terror. Me parece un producto demasiado pensado para lograr un efecto predeterminado. Pero hago excepciones con algunas películas, entre ellas The Thing de John Carpenter (1982). La Cosa era una de esas películas que vi en los ochenta en una de las añoradas madrugadas de la segunda cadena, y que me dejó lo suficientemente impactado como para, muchos años más tarde, comprarla con un diario que apenas leo, El País, que la ofrecía en un cuidado libro-DVD dentro de su colección Cine de terror. El aficionado seguirá apreciando la aún vigente calidad y eficiencia terrorífica -lato sensu- de los efectos especiales de Rob Bottin, creados en las postrimerias de la era predigital, y el ajustado arte cinematográfico de John Carpenter.
Tres hechos me llamaron la atención de los contados en el libro de Toni García y el documental incluido como bonus. Uno de ellos fue el interés de Carpenter por crear un monstruo que no fuera "visible", a pesar de lo evidente que es en la película (calificada de monster movie) en sus truculentas metamorfosis; algo que no fuera un tipo encerrado dentro de un disfraz (como pasaba en el filme original de 1952, El enigma de otro mundo, o muy recientemente, en Alien), como decía el propio Carpenter. Creo que lo consigue plenamente, y convierte al alienígena en una amenaza mucho tanto más apremiante cuanto más difusa, como una especie de Horla antártico. Otro era el hecho de que la película tuviera que competir con otro alienígena que le resultó mortífero en taquilla, E. T. El público prefirió a este personaje que hoy calificaríamos como de políticamente correcto, frente al ser de la película de Carpenter, más semejante a una plaga infecciosa, como la que en la época se expandía por el mundo bajo el nombre de SIDA. El último elemento que creo que contribuye a dar una grandeza especial a la película es su final. Se cuenta que, para cubrirse las espaldas, Carpenter rodó un final alternativo al original, en el que el superviviente McReady (Kurt Russel) era rescatado y sometido a pruebas que demostraban que no estaba infectado por la Cosa. A la postre, el director consiguió imponer su final, de corte pesimista, y que implicaba la muerte más que probable de los dos supervivientes, Childs y McReady (Russel es un actor que, a pesar de los romos papeles que le he visto interpretar tiene un no sé qué de ambiguo y emotivo que no deja de darles un toque humanamente irónico), aislados y perdidos en la Antártida entre las cenizas humeantes de su estación polar, escena con la que se cierra la película, y que nos coloca insospechadamente ante la grandeza de los seres humanos cuando asumen las consecuencias, a veces trágicas, de sus actos y sacrificios.
Este final me ha inspirado -cómo no diréis- un poema narrativo:

LA COSA

Los últimos restos de la estación polar se consumen

entre las llamas. Ambos supervivientes escrutan

el fuego, como temiendo que surja, resplandeciente,

y sobre tentáculos sanguinolentos, la Cosa proteica

que en fieras metamorfosis segó la vida de tantos.

Los hombres comparten un trago de whisky, y alguna sonrisa

bajo la muda noche antártica tras la batalla.

Uno pregunta: “¿saldremos de ésta?¿Qué hacemos ahora?”,

el otro propone esperar un poco a ver lo que pasa.

Descansan de su heroísmo en una paz sin palabras,

junto al fuego que ven apagarse igual que sus vidas.

2 comentarios:

Máster en Nubes dijo...

Recuerdo la película y la desolación, ese frío helador y a la vez el fuego. El "corte del director" del que hablas no lo conocía. Da que pensar la preferencia por un ET o alienígena con "forma humana o similar" (a pesar de la cabezota, la piel y los dedos largos, y la estatura, claro) ... antes que una epidemia silenciosa e invisible, a la que no puedes poner cara.

Tu poema me ha gustado mucho. Me recuerda esa escena a otras de la vida, no sólo a la peli: dos hombres, o una mujer y un hombre,en mitad del hielo, con u fuego y compartiendo un whiski se preguntan, nos preguntamos... ¿saldremos de esta? Es metafórica la película y esa escena del poema...

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Muchísimas gracias, Aurora. Era un poema "arriesgado", pero la escena es cautivadora, y trasciende la mera anécdota de la película. No sé si me habré acercado a expresarlo un poco. El propio director lo decía así en su audiocomentario: It's a fine moment, two men that are gonna freeze, die or something... y se quedaba callado. La creación artística es algo que desencadenamos, y que, gloriosamente, no podemos controlar en sus resultados. Un fuerte abrazo.